Continuamos con nuestra serie de artículos sobre el vitíligo, con motivo de la celebración del Día Mundial del Vitíligo el pasado 25 de junio. En esta ocasión vamos a analizar las diferentes opciones de tratamiento.

El principal objetivo del tratamiento del vitíligo es doble. Por un lado, frenar el proceso de despigmentación de la piel, y, por el otro, repigmentar las zonas afectadas.

El tratamiento del vitíligo es largo (debe mantenerse entre 6 y 24 meses para observar resultados) y complejo. Para determinar cuál es la opción más adecuada en cada caso hay que evaluar el tipo de vitíligo, la edad de la persona afectada y la actividad y características climáticas del lugar en el que reside.

Entre las opciones terapéuticas disponibles se encuentra la fenilalanina, un aminoácido esencial precursor de la tirosina. Existen numerosos estudios y artículos relacionados con su aplicación en el tratamiento del vitíligo, como estimulador de la actividad del melanocito, que permitiría además combinándolo con radiación solar posterior (natural o a través de fototerapia) la migración de melanocitos a las zonas afectadas.

Otra opción de tratamiento del vitíligo es la superóxido dismutasa (SOD), una enzima presente en nuestro organismo que constituye uno de los antioxidantes naturales más potentes con un importante papel en la reducción del estrés oxidativo y los radicales libres, potenciando la repigmentación. Su uso combinado con fototerapia potenciará los resultados.

Por otra parte, también existen otro tipo de productos dirigidos no a tratar el vitíligo pero sí a enmascararlo. Se trata de autobronceadores específicos, como los tonalizadores Tanvitil, que camuflan las manchas provocadas por el vitíligo. Se pueden en contrar en gel o en spray y en diferentes tonalidades según el fototipo de piel de cada persona.

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